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martes, 29 de mayo de 2012

Tengo un sueño.

Hoy es 29 de mayo, por lo tanto y obvio mañana es día 30, Día de Canarias. Hoy tengo un sueño, la acción se traslada a mañana por la tarde, al escenario de la entrega de los Premios Canarias 2012, el Auditorio de Tenerife. Veo trajes largos, galas, trajes y corbatas, sonrisas, protocolo y "dientes" muchos dientes. Los galardonados, Luis Alemany, el Real Club Náutico de Tenerife y Los Alzados han tenido mala suerte, quizás tras años esperando reconocimientos a una trayectoria, a una labor, ven que sus méritos son premiados en un año aciago, gris, de pésimas espectativas. Además, por motivos obvios, la celebración parece ser que se limitará al acto institucional, sin ágape y sin costosos fastos, como estábamos acostumbrados. Nada debe quitar el valor de tales distinciones a personas e instituciones que, sin lugar a dudas, merecen sobradamente formar parte de los Premios Canarias. Dicho esto, vuelvo al sueño. En él, esa comitiva de altos cargos y cargas (¿Es correcta la expresión?, Quizás no, pero me da igual)perfectamente engalanados/as para la ocasión hacen pomposa entrada capitaneados por el "jefe", el Presidente. Hay murmullos, incluso aplausos, sonrisas, ambiente festivo... ¡Coño, es el Día de Canarias!

Como es un sueño y yo no me he encargado del asunto protocolario no se muy bien quién y cuándo habla antes, después, entre... Así que yo, de repente, veo ya al "jefe" hablando. Lo hace en representación de los suyos, bueno, de los suyos y de los demás altos cargos y cargas presentes (y hasta ausentes); felicita a todos los canarios (bueno canarias y canarios) por este día, bla, bla, bla. Ya se pueden imaginar, no se besa en las mejillas porque no llega (perdón, eso no es por la estatura, ni física ni política, sino por la situación real de los labios y las susodichas mejillas), "hemos hecho...", "hemos conseguido que...", "Canarias lidera...", "Exigimos al Gobierno (al de la nación, claro) que...", etc, etc, etc. Tras un, para mi, excesivo discurso hace un anuncio: "Hoy, todos los alcaldes, los presidentes de los siete Cabildos, concejales, consejeros y yo mismo queremos ofrecer un regalo al pueblo de Canarias; hoy, 30 de mayo, hemos firmado un compromiso conjunto por el cual, el importe total de nuestra remuneración por los cargos que ostentamos del próximo mes de junio va a ser transferido a un fondo gestionado para paliar las más acuciantes necesidades de nuestros ciudadanos."


 Ya es de noche y, mientras veo algo en la tele casi sin prestarle atención, intento hilvanar este sueño que durante la tarde he ido alimentando; me siento transportado a mi niñez, hace bastantes años (más de los que quisiera), sentado en la mesa del comedor escribiendo una carta a los Reyes (los Reyes Magos, que los otros, los nuestros, no están para peticiones ahora), ilusionado con que quizás este año me concedieran lo que les pido. Y como suele suceder en los niños buenos, realmente no pido para mi, pido para todos, ya que todos estamos necesitando lo mismo, que de verdad trabajen para el pueblo, que de verdad sientan la crisis como propia, que de verdad se solidaricen, que de verdad... ¡Sería bonito! Qué digo, sería un milagro y, como poco creyente que soy en lo inmaterial, yo no creo en milagros, creo en realidades.

Son las once de la noche; como una cenicienta en su cuento (yo en mi sueño) veo acercarse la medianoche y el día 30. A medida que pasan los minutos y esa madrugada de miércoles se aproxima mis ilusiones se van desvaneciendo poco a poco y vuelvo a ser como esta mañana cuando leía la prensa o este mediodía cuando escuchaba las noticias en la radio, algo más pesimista. La luz del día llegará, las banderas tricolores ondearán al viento y, en la tarde, los lujosos coches oficiales conducidos por abnegados chóferes oficiales también, recortados en sus salarios como todos, conducirán hasta la entrada al Auditorio de Tenerife (me gusta llamarlo así, por su verdadero y original nombre) a ese grupo privilegiado de gobernantes y gobernantas (creo que vuelvo a meter la pata, que me perdonen las idem de los hoteles), ajenos a la crisis, al precio de la cesta de la compra, a la subida del carburante y a los innumerables problemas que día a día viven esos ciudadanos canarios de a pie que, unidos en mi sueño, esperábamos el regalo del Presidente por ser el Día de Canarias. Ellos avanzan por la alfombra sin la menor intención de donar nada.



Como dice el lema: "Un mar de razones... para que se vayan".

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