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jueves, 25 de octubre de 2012

Transplantes de órganos y estupidez humana.

La medicina es una ciencia en la que los avances que van permitiendo la continua investigación podríamos decir que se pueden llegar a palpar en primera persona; técnicas exploratorias y quirúrgicas cada vez menos invasivas, fármacos que permiten la curación de graves enfermedades o el alivio del dolor, posibilidad de fertilizaciones antes casi imposibles, etc. De manera destacada, no solo por lo que significan en si clínicamente sino además por la lista de miles de personas que han logrado prolongar dignamente su vida, se encuentran los transplantes de órganos: pulmón, hígado, córnea, riñón, corazón y más recientemente manos y caras entre otros. Gracias a la innovación en cirugía y a la alta especialización lograda por los equipos médicos que realizan estas intervenciones y todo un entresijo de organismos, medios de transporte sanitario y, por supuesto, altruistas donantes, es posible que el humano tenga cada día algo más de esperanza de que la vida no acaba cuando padecemos una grave enfermedad o accidente.
Todo esto se puede desmoronar cuando, desde importantes tribunas públicas, se lanzan discursos banales, sin criterio científico que les respalde, cuestionando casi esotéricamente la existencia o no de "alma" en los tejidos de los órganos que un paciente pueda recibir. Cuando la tribuna es la televisión pública, el posible donante es un asesino que acaba de suicidarse en medio de un cerco policial para su captura -con lo que de drama social tenía el caso aludido, al haber una relación con una menor de por medio- y le unimos que la voz (Mariló Montero) usa el espacio a modo de monólogo, sin mencionar que además se declara donante de órganos, la gravedad de las consecuencias de su atrevimiento puede tener consecuencias mayúsculas.
Entre los órganos que aún no es posible transplantar está el cerebro; sobre él la ciencia no ha logrado despejar las dudas acerca de si sus funciones de memoria, de inteligencia, de bondad o maldad podrían trasmitirse a una persona que recibiera el mismo en un transplante. Pero como decimos, la medicina no ha logrado aún realizar tal intervención quirúrgica. De esta manera y permitiéndome una licencia "poco seria" para un tema de esta envergadura, me quedo tranquilo por ahora de que en caso de necesitarlo no sería receptor del órgano pensante de la tal periodista. La verdad es que respiro tranquilo. Cualquiera que se cuestione que un tejido, como pudiera ser el músculo cardiaco, pueda llevar "alma" y ésta ser trasmitida a un paciente que lo recibiera como mínimo no debería usar un medio de comunicación con la libertad que ha hecho la señora Montero. Tales comentarios parecen más de tertulia entre cañas o copas tras un ajetreado día de trabajo, sin más intención que debatir formas de pensar o creencias de tipo religioso.
Soy donante, orgulloso de serlo y fiel creyente de que simplemente si nuestra exisitencia se ve acortada mientras los órganos aún puedan servir a otro, no hacemos más que regalar algo de vida y esperanza a esa persona que lo necesita. Con nuestra muerte nos llevaremos los recuerdos de la vida, las alegrías y frustraciones, los ideales y cuantas cosas, buenas y malas, hayamos realizado en los años que fuimos pobladores de este planeta. Hay que ser respetuoso con las creencias espirituales o religiosas de los demás y es por ello que los países no decreten la obligatoriedad de la donación, quedando ésta en la conciencia y la generosidad de cada uno de nosotros; pero no podemos permitir que se puedan trasmitir tales mensajes de duda sin la oportunidad de ser debatidos científicamente. Es que incluso la Iglesia Católica, tan poco afortunada habitualmente cuando expresa sus criterios acerca de lo mundano, no ha renegado de la donación y transplante de órganos.
La estupidez humana no puede dejar en entredicho a la mejora de las condiciones de salud y de vida que en las últimas décadas hemos alcanzado. El caso de las, como nínimo, desafortunadas palabras de Mariló Montero podemos meterlas en el mismo saco de otros acontecimientos recientes como el intento de asesinato de la niña paquistaní de 14 años, Malala, que defendía el derecho a la educación femenina; o la brutalidad de la mente del senador estadounidense que, sin pestañear siquiera, en el fervor de la campaña presidencial exabrupta que si una mujer violada se queda embarazada debe ser porque Dios lo ha querido así. Este tipo de dioses mejor es que no existan, porque nada bueno nos iban a traer. Afortunadamente parece ser que Malala Yousafzai no morirá y se recupera en Reino Unido, adonde fue trasladada tras ser tiroteada. Me temo que el senador Murdock siga siéndolo, como la conductora de "Los desayunos de TVE". Lástima.