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lunes, 25 de junio de 2012

Orgullo de Presidente.

Nunca antes en nuestra reciente historia democrática habíamos estado en peores manos. Por supuesto que hay que reconocer que Europa y, en especial, los paises como España que viajan en vagones de cola pasan por momentos muy delicados para la economía, debido en gran medida a esos famosos hasta la saciedad e intangibles "mercados". Pero cuando quienes debieran gobernar con cordura y racionalidad para salvar a su pueblo del desastre se comportan como una banda desorganizada, inepta y con claros síntomas de descerebrados poco podemos hacer.

Ahora, esos ingenuos votantes, muchos de izquierda y centro-izquierda, que auparon a esta panda al poder más absoluto empiezan a arrepentirse por haber creido que todo se arreglaba con sacar de la Moncloa a Zapatero y elegir como salvador a Rajoy; podría ser el famoso personaje Marianico el corto, no por tamaño físico aunque sí por el de su cerebro. Mienten una vez sí y otra más, nos dejan a los españoles en ridículo ante cualquier mandatario internacional o institución europea o mundial donde se asoman a exabruptar. No me importaría nada ser en este momento ciudadano de las Islas Salomón, algo más famosas ahora en su plácido retiro del Pacífico Sur desde que confundieron a nuestro Mariano con su primer ministro. No quiero despreciar a este pequeño país insular, pero según nos contaban nuestros gobernantes España es una de las principales potencias del mundo; debe ser de los mundos de Yupi, habida cuenta de los resultados obtenidos.

Pocas cosas, a estas alturas, nos pueden sorprender por absurdas, aunque no dejan de asombrarnos porque creíamos que no eran tan malos, tan incultos, tan miserables... Hoy, este personaje barbudo que nos malgobierna se ha sentido orgulloso por la "entereza, madurez y solidaridad" que demuestran los españoles afrontando tanto esfuerzo y sacrificio que se les pide. ¡Será...! Los españoles solo estamos demostrando dos cosas actualmente: la primera, que tenemos unas tragaderas más amplias de lo que suponíamos, y la segunda que no somos lo suficientemente valientes como para echarlos. La ministra de Sanidad quiere sustituir medicamentos básicos por "cositas naturales" para curar (ojo, de aquí a tener que ir a los brujos de la tribu queda cada vez menos); el ministro de Economía firma la carta en la que se pide el rescate para la banca con un texto lleno de erratas ortográficas (¡Qué vergüenza!) y redundancias, digna de las más famosas  antologías del disparate. Son solo dos ejemplos, de hoy mismo, sin tener que rebuscar, simplemente quedándonos con lo que nos llame la atención entre tanta incultura y mediocridad. Hay que tener cuidado con una cosa, cuando los que dan la imagen de España a los que nos miran desde afuera son así, todos los demás somos mediocres también.

Casi no quedan ya promesas electorales que incumplir; algunas porque se harían y no lo han hecho y las otras porque de nunguna manera ocurrirían y nos las han dado toditas de regalo; así que ya casi no nos va a quedar motivos para el asombro, nos lo han ido metiendo entre pecho y espalda en tiempo récord. Ahora solo nos queda esperar el final, la caida del Imperio Hispano, para, como el Ave Fénix, resurgir de nuestras propias cenizas y levantarnos como pueblo, recuperando nuestra dignidad. Pero esto solo sería posible sin ellos, sin los que nos han hundido más que nunca. Lo bueno de tocar fondo es que no se puede seguir bajando, solo queda subir. A ello debemos dedicar nuestros esfuerzos, solidariamente con los del entorno más cercano, familiares, compañeros, aunando esfuerzos en círculos alrededor nuestro, ignorando sus doctrinas y consejos, sus recomendaciones y palabras vacías. Nos hemos acostumbrado con demasiada rapidez a los insultos, desprecios y ninguneos de una "clase política" que no debería haber salido de sus guaridas. Como alguien, hijo de un relevante político pepero de La Rioja, en arrebato de vaticinio espetó poco antes de las últimas elecciones municipales a unos policías municipales: "Cuando gobierne el PP vais a picar piedra o trabajar en una fábrica, como vuestra puta madre. Desgraciados." Lo de picar piedra es casi una realidad, lo de trabajar es otra cuestión, ni en fábricas ni en ningún otro lugar. A lo de la puta madre, mejor no decir lo que uno pueda pensar, más que nada porque su madre igual es buena mujer y no tiene culpa del "cafre" que tuvo que parir.

¡Sobran sinvergüenzas!


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