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viernes, 15 de junio de 2012

3,1 millones de...

3,1 millones de kilómetros cuadrados de océano serán protegidos por Australia. Esto supone algo más del 30% de todo el mar que rodea a este inmenso país, este continente complejo, lleno de vida y de posibilidades.  Las zonas que forman esta amplia red de espacios protegidos van a pasar de las 27 actuales a 60. El reto mira hacia el futuro con determinación y con el convencimiento de que es la única manera de conservar especies y una naturaleza cada día más frágil: el ecosistema marino. La sobreexplotación a la que se ven sometidos los océanos, extractiva y pesquera, hace peligrar la vida; y en esta materia los arrepentimientos pasados de fecha no logran solucionar lo que el hombre ya haya eliminado del planeta o lo deje en puro testimonio museístico.

Seguro que no será fácil para el país asumir un control y limitación en la explotación de recursos naturales tales como el petróleo y gas que se obtiene de sus aguas jurisdiccionales, más aún cuando se es tan industrializado como Australia. Pero es que, aparte de las presiones políticas y cuestiones puramente económicas, se ha querido ver las consecuencias de ese abuso sobre el hábitat de las especies y, por extensión, la propia supervivencia humana. A la par existe otra acción promovida por una ONG, la Bush Heritage, y con financiación gubernamental y privada que en la actualidad está comprando terrenos que, si se llega a finalizar el proyecto, conseguirá dotar a Australia de un gran corredor paralelo a su costa este de casi 3.000 kilómetros de extensión. Su misión será otorgar a las especies que viven en estos territorios de una zona de libre movimiento norte-sur donde interactuar en libertad entre ellas y poder asentarse en función de sus necesidades climáticas y alimenticias. El fundamento principal se basa en la estimación de subida de temperaturas para los próximos 50-100 años, que obligaría a muchas de ellas a moverse hacia latitudes donde poder cubrir dichas necesidades. El "corredor Noé", como se le ha denominado, supondrá un esfuerzo hasta ahora no afrontado por el cual todas las infraestructuras actuales y futuras se adaptarán a facilitar esas rutas migratorias naturales. Igualmente el compromiso supone desisitir de explotar el territorio designado con fines lucrativos, por lo que no podrá explotarse para la agricultura, la industria, ganadería o el turismo.


Crear estos corredores biológicos no es nuevo, ya que hay precedentes por ejemplo en Estados Unidos y Canadá con uno comenzado en los años 90 entre Yellowstone y el Yukon. Pero en esta ocasión supone el valor añadido de la gran extensión que abarcará una vez que se pueda completar. Tanto las águilas, canguros y demás especies asentadas en las zonas terrestres a proteger, como las tortugas, ballenas o tiburones por la parte marina encontrarían con facilidad amplios espacios donde sobrevivir alejados de los riesgos creados por el hombre y su desarrollo imparable.

Después de conocer estos proyectos duele ver como nuestro más cercano y directo territorio, las Islas Canarias, se ve amenazado por todo eso que Australia ha decidio poner en cuarentena, la explotación desmedida de las riquezas marinas. Las Islas son paso habitual de especies migratorias, así como lugar habitual de permanencia de otras. Los fondos de las costas de El Hierro, Lanzarote o Fuerteventura gozan de un prestigio y valor que ahora se pone aún más en riesgo si se decide por fin conceder licencias para prospecciones petrolíferas. Como es habitual en nosotros no aprendemos de la experiencia ajena e hipotecamos el futuro de todos por los beneficios económicos de unos pocos. Australia es el ejemplo a seguir y nuestros políticos quienes nos alejan de ese camino.



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