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martes, 12 de junio de 2012

¿Humano y Dios?

Me había propuesto no comentar más acerca de ello, pero es tan lamentable, qué digo, repugnante el asunto que estas líneas se cubrirán de nuevo con su estela. A simple vista parece humano, incluso un humano débil, pero creo que interiormente se cree Dios; supuesto justiciero que, escudándose en su blindaje como jefe supremo del tercer poder del Estado, ha campado a sus anchas gastando dinero que no es suyo, a pesar de su salario de más de 130.000 € anuales e intercediendo para que a su "amigo" policía, Jerónimo, se le concedan méritos y cargos a cambio de su compañía.

Asco da, no por sus gustos, sino por sus actos y por los que le arropan y apoyan y tienen la osadía de comentar a micrófonos abiertos que este asunto solo fortalece al Presidente. Pues se equivoca ese alcalde que quizás el ministerio le venga ancho (aunque no tanto como la alcaldía a su sucesora, a quien ni San Aznar la va a salvar de caer a plomo), no solo no se fortalece sino que cada día que pasa se envilece más. Es un cobarde que, descubierto "in fraganti", no es capaz de confesar, pedir perdón y marcharse convenientemente escoltado a donde se quiera refugiar con el guardaespaldas, que por cierto no se parece nada a Kevin Kostner; claro, que éste tal Dívar no es tampoco Whitney Houston,  ni siquiera por el color de piel.

Ahora, aunque me cueste reconocerlo, me da pena de Juan Carlos, sí el Rey, que, pillado inconvenientemente, tuvo cierta honestidad al pedir perdón, reconocer que se había equivocado y que su acto no volvería a pasar. A este del que tratamos solo se le pide que se marche, si puede ser lejos mejor, y que no regrese, al menos a la judicatura, que la ley estaba bastante mal ya sin su intervención. Ahora está realmente "jodida", sin credibilidad ciudadana, a pesar de los grandes profesionales que realizan su labor en los diferentes juzgados y salas de España. Pero, como bien sabemos, una oveja negra se distingue perfectamente aunque esté entre un rebaño de 500 más. De nuevo es portada hoy en medios de comunicación al descubrirse más viajes supuestamente oficiales para disfrutar, esta vez por otros lugares del país, de fines de semana placenteros. Ya ha salido el primer valiente que dice públicamente que Carlos, Dívar, no fue invitado a Cantabria a nada oficial. Por supuesto que el "atrevido" es el expresidente Revilla, sí el de las anchoas.

Esta nación tiene suficientes problemas ya, muy graves, de complicada solución y que va dejando atrás un reguero de desgracias y pobreza como para seguir permitiendo que personales así gobiernen o lo que es peor, impartan justicia; ¿Qúe justicia? Hubo un tiempo en que un señor bajito (que me perdonen los demás bajitos), con bigote, de risa un tanto esperpéntica y que se ha especializado en hablar mal de España fuera de nuestras fronteras (menos mal que su inglés no se entiende mucho) mantuvo durante largo tiempo una pugna constante con la frase "¡Váyase señor González, váyase!". Los únicos "locos bajitos" que me caen bien son los jugadores de la roja. Ahora es el momento de resucitar esa famosa frase y volver a la carga, reiteradamente, pero cambiando al sujeto:

¡Márchese señor Dívar, márchese ya!
(me resisto a llamarle señor, no me sale, la verdad sea dicha.)


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