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jueves, 21 de junio de 2012

Decepcionado.

Hoy es 21 de junio, el calendario marca el comienzo del verano. Eso antes significaba no solo el habitual cambio climático hacia temperaturas más altas, a veces muy altas, vacaciones, playa, campo, viajes y todo un etcétera de actividades lúdicas y festivas. Pero, ahora, en 2012 la llegada de la estación no trae alegrías y casi ni siquiera esperanzas de fiestas, chiringuitos, cañitas y boquerones; el estío nos llega cargado de malas noticias y peores espectativas. Se disparan casi sin freno la prima de riesgo y las listas del paro, tanto como los recortes en todo cuanto significara bienestar. Los casos de corrupción y mal uso de los dinero públicos salen a la luz día sí y día también, sin que los autores y protagonistas siquiera saquen un pequeño rubor a sus mejillas.

Un presidente del CGPJ que dimite diciendo que se va obligado por el descrédito de una campaña brutal contra él y la institución y con la conciencia de no haber cometido ningún pecado ¡Pero si es que este individuo no tenía ni conciencia ni decencia, qué va a decir! Una presidenta de la Comunidad de Madrid que se quiere cargar el Tribunal Constitucional porque no le gusta una de sus sentencias, que posiblemente no le guste a muchos ciudadanos, pero ¿Dónde está ese respeto a los tribunales del que tanto han alardeado siempre en el partido de las gaviotas?; su actitud parece sacada de lo más oscuro del franquismo. El Ministerio de Educación se ha cargado de un plumazo la mitad del dinero que se destinaba a las campañas de mentalización contra la violencia machista y va a crear una comisión que estudie la manera de fomentar la tauromaquia, cuestión que significará seguro una buena cantidad de euros a gastar; es como si al Wert le diera igual cuántas mujeres más mueran o resulten lesionadas y las cambia por cuernos, al final ambas cosas son violencia y muerte y su medida reforzará por igual que sea contra las novias y esposas que contra los toros. Estas "perlas" son solo una pequeña muestra de tantas otras que podemos a diario leer, escuchar o ver en los medios de comunicación, según sea el color del mismo y el cariz de la noticia.


 









Pero no queda aquí, no; cuando y de quienes menos se espera nos llega una sorpresa más, inesperada, quizás por eso impacta más contundentemente en nosotros. En medio de un viaje que aún no termino de entender del todo su conveniencia, extensión y utilidad, S.A.R. el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón y Grecia, se suelta, como si nada, un discurso en New York en el que tergiversa la realidad de España, pero sobre todo de la situación de los españoles. Ya el escenario no parece el más conveniente (esta familia parece que desde que resbaló el primero han ido todos de cabeza detrás en pura solidaridad y cabezonería por hacerlo mal y a veces peor que el anterior) al escucharse en el acto de inauguración de la Escuela de Negocios del IESS, dependiente del Opus Dei, y ante un aforo inadecuado para tales palabras: sobre todo empresarios norteamericanos. Pues el heredero, Dios nos proteja, casi parecía el mismísimo Mariano Rajoy o cualquiera de sus ministros del área económica ya que usó los habituales eufemismos peperos para no llamar a las cosas como son y encima mentir, ya que decir que "nuestros precios y salarios están marcando el ritmo del retorno al sendero de la competitividad y, al mismo tiempo nuestras familias están reduciendo sus niveles de deuda mientras mejoran su ahorro" o soltar "nuestro Gobierno está introduciendo reformas muy profundas que deberían ponernos en camino de corregir los desequilibrios económicos que hemos acumulados en épocas recientes", decir eso es mentir descaradamente. Todos sabemos que los discursos no los ecriben ellos, los Borbones, pero de ahí a simplemente leer cualquier cosa que les pongan en los papeles me parece indecente; sobre todo porque la Familia Real son modelos para muchos españoles, cada vez menos afortunadamente, y entonces son más graves las consecuencias de sus "errores" conscientes o involuntarios. Una vez más nos han demostrado que viven ajenos a nuestros males, por mucho que juren que se solidarizan con los problemas y lacras sociales. ¡Ni de coña!

Me siento decepcionado, mucho, de quienes se supone que nos representan, no están a la altura que nos mereceríamos porque, a pesar de todo, este pueblo es noble, luchador y nos habíamos  creido que (perdonen el arrebato deportivo) jugábamos en primera división y ahora resulta que nos "pegamos" en una promoción por no bajar de categoría. También tengo rabia y siento impotencia por no poderlos poner a trabajar con nuestros míseros salarios en vez de con sus magníficas asignaciones salidas del Presupuesto General del Estado o quitarles tantos derechos como nos usurpan a nosotros impunemente.


Por favor, que llegue pronto el otoño a ver si con la caida de las hojas caen unos cuantos de éstos.


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