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sábado, 9 de junio de 2012

Desaceleración es a recesión lo que préstamo es a rescate.

Era 2008 y el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se negaba a admitir una evidencia: España entraba en recesión. En público, el uso de tal expresión se negó reiteradamente.  Las connotaciones de esa palabra podrían ser muy negativas para el propio Gobierno y para la confianza de los ciudadanos. En su lugar se utilizó un término algo ambiguo, no tan negativo, menos comprensible para la mayoría y que lo único que afirmaba era una negación: desaceleración. Simplemente, nuestra economía, supuestamente, se frenaba un poco en su avance y era, por supuesto, temporal. El tiempo confirmó todas las sospechas y entramos de lleno en una importante crisis económica y financiera, como tantos otros.

Ahora estamos en 2012, sólo cuatro años después y gobernados por los críticos a aquella "jugada lingüística" de ZP y asistimos al mismo ejercicio de intentar tergiversar la vedad, confundir. En esta ocasión, cuando desde hace mucho tiempo nadie cuestiona ya los asuntos referidos a la crisis, nuestra situación lleva varios meses orbitando alrededor del llamado rescate y que hemos visto como se ejercía sobre Irlanda, Portugal y Grecia, los pobres de Europa; solo faltábamos nosotros, pero un gobierno con tal alto sentido del orgullo nacional como el que actualmente dirige nuestros designios (casi siempre pecamos de lo mismo en la piel de toro) no puede permitirse el uso de la palabra rescate. Para tal fin no solo usan la artimaña de rebuscar hasta encontrar una expresión ligera y general que no es, por supuesto, sinónima, al llamarlo préstamo, sino que ni siquiera en esta ocasión da la cara el jefe, manteniéndose escondido en su palacio y sacando al ruedo a su segundo, al ministro de Economía y Competitividad (¿Por qué demonios habrán añadido lo de competitividad? Según la RAE es: "capacidad de competir" y éstos ni compiten ni parece que sean capaces). Quizás la nariz de Pinocho, perdón Rajoy, ya no hay manera de ocultarla de tanto que le ha crecido contando mentiras (como en la canción "ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras...") y prefiera quemar a De Guindos en la comparecencia e irse él a ver un partido de fútbol a Polonia. Sólo deseo que gane España mañana domingo porque no soy tan mala persona; si no, me alegraría de ello solo para echarle la culpa de ser gafe aparte de mala gente.

No me creo que las condiciones que ponga la Comisión Europea sean tan beneficiosas tratándose de la astronómica cifra de 100.000 millones de euros; tampoco se puede uno creer que sólo los bancos se verán afectados por este "préstamo". Y si esto fuese hipotéticamente cierto, ¿Qué ocurrirá cuando nuestras queridas entidades financieras no puedan empezar a devolver el dinero? Pues posiblemente, seguramente, saldrá de los bolsillos de los ciudadanos gravado con los intereses que haya generado tal inyección multimillonaria. No sólo disponemos de políticos incapaces e incompetentes sino que, además, demuestran cada día el poco interés que tienen por salvar de verdad el país y no sus cagados culos. En una sociedad justa, en una nación con gobernantes y opositores decentes, que anteponen el bien general al suyo partidario, estaríamos regidos por un gobierno de unidad, multipartidista y de consenso, que dejarían a un lado las disputas mientras España no saliese de la crisis, recesión y cuantas cosas malas en las que nos han metido en los últimos años. Pero no, no hay cojones (ruego me perdonen) ni en la Jefatura del Estado, ni en el Gobierno, ni en el Parlamento ni en el resto de las fuerzas políticas para remar, por una vez aunque sea y porque sea necesario, en el mismo sentido. Y es una lástima, seríamos un ejemplo mundial de unidad y respeto a los ciudadanos. Esto no lo veremos, como tampoco veremos que se reducen solidariamente sus importantes sueldos, o que dejen de restregarnos sus estúpidas sonrisas y abrazos cada vez que se juntan en reuniones y sesiones "de trabajo".


No tienen ni puñetera idea de como se vive aquí abajo, al nivel del suelo.




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