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miércoles, 6 de junio de 2012

El blanqueador.

Desde hace tiempo venimos usando en nuestros hogares un producto, complementario de los detergentes habituales, que nos posibilita recuperar el blanco de la ropa; son los llamados blanqueadores. Realmente no funciona como limpiador, al estilo de las lejías, su funcionamiento es el de un tinte. Son sustancias fluorescentes capaces de absorver la radiación ultravioleta y a su vez emitir más cantidad de luz azul, la cual compensa la apariencia amarillenta que el tejido ha ido adquiriendo con el paso del tiempo y su degradación. El más blanco simplemente es un engaño, sobre todo al ojo humano.

Ahora resulta que, después de habernos acostumbrados a que cuando hay que blanquear compramos el detergente con el aditivo ya incluido o adquirimos ese producto por separado, aparece en el mercado la revolución para dejar blanco lo que teníamos negro. La verdad es que la opción "compra" no está disponible, es gratis, parece que no tiene contraindicaciones y nos garantizan un 100% de resultados positivos. Para evitar especulaciones disponemos de garantía oficial, cuestión más que deseable tal y como está el mercado.

Antes decía que el susodicho blanqueador no se compra, directamente se disfruta. No es del todo cierto, ya que sí que hay que disponer de dinero, quizás de mucho dinero. En el fondo el invento funciona con esos trozos de papel especial y coloreado emitido por el Banco de España o cualquier otra moneda de curso legal. Para lograr el efecto deseado podemos decir que a más cantidad de dinero haya mejor que mejor; ah, importante, el dinero ha de estar bastante sucio, negro de suciedad, ya que al prestatario del nuevo servicio de limpieza le gustan los retos. Todo está dispuesto, hay una  nueva norma desarrollada exprofeso, un competente equipo de asesoramiento que, gratuitamente claro, nos aclarará (vaya, hablando de limpieza) las dudas y cuantas consultas querramos realizar antes de probar el novedoso sistema. Por nada hemos de temer, nadie nos culpará de errores y nadie podrá hacernos concienzudos interrogatorios ni someternos a engorrosos procesos administrativos para lograrlo.

Podemos habernos dedicado anteriormente a la trata de blancas, prostituyendo ingenuas muchachuelas nacionales o extranjeras; también nuestro oficio pudiera haber estado relacionado con el tráfico de armas o de drogas, sean tradicionales o de diseño (las drogas, claro). Llego a pensar incluso que la extorsión, los atracos a mano armada y las más diversas estafas podrían haber sido la causa de esas montañas de billetes. Justo ahora se me ocurre que si al Dioni le queda algo de dinero del furgón blindado, esos billetes de 5.000 pesetas, algo decolorados, de repente cobren viveza si se los dejan blanquear. El tratamiento nos va a suponer dejar en las arcas del Estado el 10% de tasa y las otras arcas, las de los bancos, algo más llenas. Así nuestro dinerito negro negro pasará por obra y arte de la Agencia Tributaria pepera a blanco blanco.

Animos a todos los golfos y defraudadores, gente de mala calaña, pertenecientes a asociaciones mafiosas y demás lindezas que acudan a la web de la Agencia o a cualquiera de las oficinas tributarias y pidan el 750; es como ir al vendedor de la ONCE y pedirle el número con el que hemos soñado la noche anterior, pero con la certeza que con éste ganamos seguro. Solo que en esta ocasión, ni al más avispado de estos "delincuentes fiscales" (presuntamente) se le hubiese ocurrido imaginar este maravilloso sueño. El blanqueador definitivo ha llegado de la mano de Cristóbal Montoro. Estamos reuniendo en muy poco tiempo en España una coleción de indeseables noticias, y de indeseables, que a veces se llaman bancos, a veces Rato, otras Dívar ó Reig Plá; quizás también en el saco a veces entran los "villanos de oro" que enumeraba El País, etc, etc, etc. Pero moral y éticamente quizás el blanqueador supera todo lo que pudiéramos haber imaginado. Ya que lo tendremos que tragar sin poder hacer nada en contra, solo se me ocurre pensar que esta maniobra de "arquitectura fiscal" no haya sido diseñada para algunos "elementos" amigos concretos. Últimamente todo huele tan mal que el tufillo se va extendiendo a diestro y siniestro, y uno acepta como buena la expresión piensa mal y acertarás.

Aunque me repita con mi último post: menuda sfacciatezza (solo por no decir ¡Menuda mierda!)


1 comentario:

  1. Si señor...así es...menuda mierda.
    Cada día me gusta más leer tu blog. Felicitaciones y ánimo...no dejes de hacerlo.
    El Folelé.

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