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domingo, 29 de julio de 2012

"Si es subnormal, que no venga"

Padrón es un municipio de A Coruña, en su límite sur, entre los ríos Sar y Ulla, de gran influencia jacobea, muy monumental, con una historia que la remonta muchos siglos atrás y popularmente conocida por sus pimientos (los que unos pican y otros no), entre otras cosas.  El origen de su nombre,"Pedrón", lo sitúa la tradición en una gran piedra en el río Sar donde fuera amarrada la barca que traía el cuerpo del Apóstol Santiago; cuando su cuerpo fue trasladado hasta Compostela, Padrón se conviríó en el origen de la ruta de peregrinación,de los que llegaban por mar, hasta el sepulcro en Santiago.


Pues en  este precioso enclave gallego ejerce de cura, en la parroquia de Bascuas, un individuo, convenientemente ordenado por la Iglesia Católica para el ejercicio pastoral, que acaba de hacerse famoso por explicarnos, con el ejemplo, la doctrina de que todos somos iguales ante Dios. Ese Dios por el que se han cometido históricamente y en su nombre muchos desmanes, persecuciones y desigualdades. Pues Ramón Barral, que así se llama el curita, ha negado la comunión en una misa que celebraba en su pueblo a una mujer de 32 años que acudía a la celebración con su madre. El motivo es el estado que presenta Mónica, debido a una enfermedad que sufre desde muy temprana edad, de esas consideradas raras, llamada Síndrome de Lennox Gastaut. Básicamente consiste en un cuadro de crisis epilépticas generalizadas, sin cura, con afectación cerebral muy severa. Pues Mónica se quedó dormida durante la misa y cuando se acercó de la mano de su madre, Ernestina, al altar a tomar la comunión el sacerdote se la negó; no solo le dedicó luego la consabida frase de que "si es subnormal, que no venga", sino que además consideró que darle la ostia sería como tirarla al suelo.


Por supuesto que, seguramente, es un caso aislado, poco frecuente, aunque posiblemente más habitual que la rara enfermedad que maltrata a Mónica desde niña. La fe católica habría supuesto para esta familia un refugio, al menos espiritual,  donde consolarse ante la falta de solución médica a su problema. Ahora ya no tienen siquiera el aliento cristiano. Este tal Ramón es el que debe explicar a los feligreses de su parroquia lo que lee en las Escrituras, allí donde se refleja que su "maestro", Jesucristo, se hacía rodear de prostitutas, ladrones, pobres para ejercer con ellos la bondad del perdón y de la misericordia. Al menos así reza en los libros sagrados del cristianismo. ¿Qué les ha dejado este representante, indigno representante por supuesto, de su Iglesia? Les ha regalado desconfianza, dolor, segregación, insulto... Todo lo contrario de lo que se supone que debería predicarles. Como en otros casos que, con demasiada frecuencia, llegan a nosotros a través de los medios de comunicación, a veces protagonizados por representantes religiosos, en otras ocasiones son personas vinculadas a la Justicia o alcaldes, o bien diputados, vemos que la igualdad no existe formalmente; solo está escrita en las leyes, pero no se aplica en la vida real. Además se tarda en reaccionar, en apartar radicalmente a personajes que, como este mal sacerdote, dejan en desamparo a quienes se acercan a ellos buscando compresión, sanación, justicia o solución a sus asuntos. Imaginémonos que en un hospital un médica suspendiera el tratamiento de un paciente aludiendo a un posible fatal desenlace de su enfermedad, dejando que mueriese sin calmar su sufrimiento al menos.

No podemos dejar pasar estos episodios como si no fueran importantes. Tanto en la realidad mundana como en la fe de cada cual, cualquiera que sea la que se profese, la dignidad de las personas ha de estar por encima de su condición social, física, política o personal. Todos estos personajes que se creen por encima del bien y del mal, sobradamente capacitados para juzgar y menospreciar, solo nos trasmiten con sus actos la categoría humada donde están encuadrados y el contenido de su cerebro en la famosa materia gris. Por mi parte, prefiero 1.000 Mónicas como la de Padrón que uno solo de los Ramones Barral que nos rodean.


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