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domingo, 12 de agosto de 2012

No está bien, pero...

Quizás no sea el mejor ejemplo que se pueda dar a la ciudadanía el que ha sido protagonizado por militantes y dirigentes del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), encabezados por Juan Manuel Sánchez Gordillo, Quizás el "asalto" pacífico a dos supermercados para llevarse unos cuantos carros de la compra llenos de alimentos básicos para ser repartidos entre gente necesitada de los mismos a través de las ONG que los asiste no sea la medida que se deba adoptar, porque, entre otras consideraciones, se les puede ir de la mano en cuanto vean la oportunidad otros grupos que nada tengan que ver con cuestiones de solidaridad popular. Pero luego de esa visión poco ejemplarizante del acontecimiento hemos de recapacitar en los motivos; no deja de ser una forma de provocar la atención de la gente en general y de los políticos en particular sobre las importantes necesidades que una cada vez mayor parte de la población está sufriendo. Sánchez Gordillo es un conocido político andaluz, militante de izquierdas, diputado autonómico por IU en Andalucía y Alcalde de Marinaleda (Sevilla), pequeño municipio de algo más de 2.600 habitantes y 25 km cuadrados de extensión; insignificante tal vez, pero que ha luchado y lucha por conseguir los retos que cualquiera quisiera para su pueblo o su ciudad. Y más allá de esta lucha se debe decir este logro, porque Marinaleda es un buen ejemplo (este sí) de autogestión, de gobierno asambleario para manejar las finanzas municipales. Un sistema "revolucionario" de autoconstrucción de viviendas, donde el suelo lo pone el ayuntamiento, así como el proyecto arquitectónico y los materiales, donde, además, el tiempo que ha trabajado en la obra el futuro propietario se le descuenta a modo de salario del precio final de la casa. De esta manera se han levantado más de 350 viviendas.

En el año 78 se ocupó una finca durante dos días, algo que no ocurría desde los años de la República, en 1979 obtienen, en las primeras elecciones democráticas municipales, la mayoría absoluta la coalición Colectivo de Unidad de los Trabajadores. Al año siguiente Marinaleda protagoniza una huelga de hambre masiva, con la participación de 700 personas, en reivindicación por mejorar las prestaciones y regulación del empleo comunitario. A partir de ahí comenzó la lucha firme por la tierra con ocupaciones y expropiaciones de fincas y terrenos. Gracias a esos años el pueblo tiene en la actualidad pleno empleo y recursos propios obtenidos a través de una cooperativa que cultiva, transforma y comercializa los productos obtenidos  por el sistema de agricultura ecológica, contando en la actualidad incluso con almazara propia para la elaboración de aceite de oliva.

El Alcalde, Juan Manuel Sánchez Gordillo, cobra como un jornalero más del pueblo, 1.200 € mensuales y la retribución que obtiene de su escaño parlamentario se entrega a ONG'S para su distribución social. Este pueblo lo ha logrado, dejando de lado las aspiraciones políticas personales que tanto caracterizan actualmente a nuestro sistema; y si ellos lo han logrado es que se puede conseguir, que la utopía es realizable. No es que sea fácil, pero sí que es posible. La lucha no es fácil; cuando comienza, hace algo más de 30 años, con la llegada de la  democracia y las primeras elecciones a España, su pueblo no tenía consultorio médico, ni guardería, ni casi calles asfaltadas, ni que decir que ninguna instalación deportiva ponía esa práctica al alcance de sus moradores, etc. Por ello, se consideró que la libertad que se había obtenido desde 1976 no era suficiente, ya que faltaba que sus habitantes tuviesen acceso total al bienestar y los servicios sociales.

En la actualidad, Marinaleda sigue siendo una excepción, un edificante ejemplo para dirigentes y partidos políticos; esos que tanto se jactan de trabajar para sus conciudadanos mientras cobran desmesuradas cantidades del presupuesto municipal en salarios, dietas y privilegios materiales. En algunos casos tan escandalosos como que pequeñas poblaciones, con recursos limitados, pagan alcaldes por encima de 70.000 € de remuneración mientras faltan servicios sociales tan básicos como la educación o la sanidad. Obligados por la presión social, en algunos pueblos y ciudades se han visto en los últimos meses algunos gestos, más simbólicos que justos, donde ediles han presincido de "regalos" tales como las dietas por asistir a los plenos. Aunque parezca mentira, los sueldos que reciben no son suficientes y, como ocurre con el Congreso o el Senado, han de recibir un extra por aisistir a las sesiones de trabajo, a los plenos. Es como si cualquier trabajador de España cobrara su sueldo por ser empleado pero para asisitir a su puesto de trabajo debieran recibir una dieta complementaria. Simplemente demencial. Al menos vale la pena conocer y difundir este caso, el de este pequeño pueblo de Andalucía, a 108 km de distancia de la capital, Sevilla, donde sus gentes y sus gobernantes se conforman con tener trabajo y disfrutar solidariamente de los servicios y del bienestar que con su esfuerzo personal obtienen. Puede ser que su acción de hace unos días no sea plausible, pero no cabe duda de que es comprensible y, hasta cierto punto, justificable por una gran mayoría de la población. Su acción pacífica debe servir de sensibilización para los ciudadanos y de aviso para los gobernantes.




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