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jueves, 26 de abril de 2012

La curación de un gay.

El obispo Juan A. Reig Plá (Alcalá de Henares) insiste en llamar a la “curación” de los gays... Qué manía tiene la Iglesia Católica de considerar enfermedad a una tendencia sexual adoptada en libertad, la homosexualidad. Está presente en la sociedad desde que se tienen datos históricos escritos y gráficos; tan integrada como opción que la propia institución cuenta entre sus sacerdotes a hombres que viven y practican esta opción. El sexo como práctica no es algo que se active o desconecte en nuestro comportamiento como si se usara un interruptor, simplemente la biología animal predispone la apetencia por el sexo como mecanismo de conservación de las especies, y en el caso del humano y algunos primates, además, por la consecución de excitación y placer. Es en este segundo aspecto donde intervienen otros factores, sociales y personales, que condicionan o favorecen que nos inclinemos por mantener relaciones hetero, homo o bisexuales.

La ciencia médica y otras ramas de la investigación antropológica hace tiempo que afirman y concuerdan que no es un problema tratable como enfermedad y por tanto carece de tratamiento al ser una opción personal y libre de los individuos. Es bastante consecuente llegar a la conclusión (al menos para mi lo es) de que un grupo humano (sacerdotes) que se ve forzado a renunciar a una llamada natural fisiológica al sexo, vea como alternativa a la prohibición de tener esposa, como si pueden tener en otras tendencias religiosas cristianas, mantener prácticas sexuales algo "más accesibles" para ellos como es la homosexualidad. De mayor empecé a entender el posible significado de aquellos paseos, con 10 o 12 años,  por largos pasillos de un colegio religioso bajo el brazo "paternal" del religioso que intentaba inculcarte el amor por la orden. Los paseos no llegaron a más, pero me queda como recuerdo el profundo olor que solían despedir aquellas sotanas y lo cerca de ellas que debía caminar (¿?).

La sociedad necesita de quienes se erigen en "reconfortadores" espirituales de los demás una dedicación más efectiva a los problemas que realmente son importantes y reales, como es la discriminación racial o los abusos sexuales a mujeres y menores; luchar con ello en vez de proteger entre sus filas a quienes los practican haciendo uso del agravante del poder que les confieren ante los demás por su investidura eclesial. Es duro ver como las enfermedades de trasmisión sexual y la sobrepoblación se extienden por paises sumidos en la pobreza y como la Iglesia sigue negando la utilidad del preservativo, por ejemplo. También es cierto que habitualmente se ve algo más de cordura entre el clero de base, siendo los "mandos superiores" (obispos, arzobispos, cardenales...) los que se explayan en adoctrinar y opinar en materias sobre las que no tienen conocimiento práctico (o no deberían tenerlo) como es el sexo, las relaciones de pareja, etc. Vuelvo a recordar aquellos años en los que nos atemorizaban con la ceguera que nos produciría realizarnos ciertos tocamientos; afortunadamente yo y muchos otros hicimos caso omiso a las advertencias y dejamos que cada cosa llegara en los momentos en que nuestra propia biología y desarrollo nos solicitaban paso. Ni me quedé ciego, ni enfermé y actualmente sigo gozando de una excelente salud en todos los aspectos.

Llega a repugnar, como es mi caso, o al menos sentir rechazo, como es en una inmensa mayoría, ese intento de "curación" de las tendencias homosexuales que algunos asumen como suya natural, libremente elegida. Flaco favor siguen haciendo a la sociedad desde que se dedicaron a asumir tareas que no le son competentes y/o para las que no están formados ni preparados. No quisera, aunque tengo muchas ganas, de entrar en consideraciones acerca de la Inquisición o el apoyo incondicional a golpes de estado y gobiernos dictatoriales. No quisiera recordar que viven del Estado y por tanto deberían, como mínimo, servir a la sociedad y no servirse de ella para sus espurias finalidades. Las sociedades deberían ser laicas y aconfesionales por norma y cada individuo ser libre de dirigir sus sentimientos religiosos, si los tiene, hacia unas u otras tendencias sin que ninguna tenga privilegios, disponga de fondos públicos, eluda impuestos y viva a consta de los demás "por narices".

Podrían destinar algo de sus recursos y formarse algo en marketing y técnicas comerciales, ya que no se dan cuenta de que las iglesias se les están quedando sin clientes de tanto meter la nariz donde no les incumbe y abandonar la verdadera senda que según tengo entendido quedaba bastante clara en los Evangelios. Dudo que estos sean los verdaderos sucesores de Cristo y sus Apóstoles, ya que más bien parecen miembros de una secta; todos sabemos que las sectas no son nada recomendables, causan adoctrinamiento y pérdida de la libertad individual, entre otras consecuencias.

¡Y de eso si que podemos curar a quienes caen en sus redes!


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