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martes, 24 de abril de 2012

Cuando ser hombre no es un orgullo.

Ella tenía 74 años, él 85 y llevaban 40 años de matrimonio; no hay manera de entender qué mecanismo mueve un comportamiento así de despiadado, sin razón y posiblemente frio. Esta mujer se ha convertido en la víctima número 15 de este año; demasiadas. Hoy es uno de esos días en los que es casi imposible sentirse uno orgulloso de ser hombre. Durante todo el día he dado vueltas en mi cabeza a este tipo de asesinatos y es tal el desprecio que se siente que realmente no sabes muy bien como enfocar una reflexión que plasme las sensaciones que produce. Estos casos no son habitualmente fruto de un aislado episodio de violencia; normalmente la vida de estas mujeres se haya convertido desde mucho antes en una sucesión de menosprecios, insultos y vejaciones. No hay forma de comprender como siguen junto a un ser tan despreciable salvo, eso sí, por el profundo miedo y sometimiento al que haya estado sujeta.

En otras èpocas, la educación sexista y machista recibida por hombres y mujeres, unida a que a éstas se les considerara como ciudadanos de segunda (hasta para abrir una cuenta corriente debía contar con la firma de su esposo) en muchos hogares se vivían relaciones tormentosas que se tendía a ver como "normales". Pero es que la sociedad ha cambiado y en muchos aspectos se ha mejorado de manera ostensible; entonces ¿Por qué siguen ocurriendo estas muertes? No podemos dejar de luchar contra el maltrato ni un solo día, rechazando y repudiando a estos asesinos como se merecen. La ley y los que la aplican deben ser exigentes y rigurosos; desde las instancias que correspondan deben ser apartados de su carrera todo juez que exponga la más mínima justificación a tales hechos. Los departamentos gubernamentales que tienen competencias en la lucha contra el maltrato y su prevención no deberían ver sus fondos recortados en nombre de ninguna crisis. Solo desde lo que llamamos "tolerancia cero" podemos tener alguna esperanza de terminar con esta lacra social y sus brazos ejecutores.

 Este problema  lo hemos creado los hombres y los hombres hemos de resolverlo, eliminando el machismo de nuestros comportamientos sociales, no poniendo nunca en duda la relación de igual a igual entre hombre y mujer, sin más diferenciación que la puramente sexual y fomentando la formación de nuestros jóvenes en la libertad y los derechos ciudadanos y personales, sin adoctrinamientos políticos o religiosos que les coarten.
J.S.C. se llamaba, iniciales para preservar su anonimato, siglas tras la que se esconden una tragedia injusta, la de una mujer que merecía una vida mejor que la que seguro tuvo junto a un hombre que nos deshonra a cuantos sí creemos en la igualdas y los derechos. J.S.C. podría ser alguien mucho más cercano a nosotros, una madre, una tía, una hermana, que una simple noticia leida en la prensa de la mañana. No asumamos su muerte como una más, que nos produzca tanto dolor la primera, como la quinta, como la decimoquinta; un dolor que nos mantenga en guardia, atentos a nuestro entorno para descubrirlos y aislarlos antes de que cobardemente, en el uso de una fuerza física superior, sesguen la vida de quien posiblemente les haya entregado todo cuidándole y amándole. ¡Malditos miserables!
 

2 comentarios:

  1. Es raro ver a un hombre escribir sobre este tema, y pensar asi....me gusta mucho.
    Ojalá estuvieran más personas concienciadas.
    Un saludo.

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  2. Por suerte cada vez hay mas hombres que piensan de esa manera....hay que luchar para que todos podamos vivir en igualdad.
    UN SALUDO,y gracias (:

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